FÒRUM 

El Parque del Fórum tiene ese tipo de luz que no perdona.
El sol cae a plomo y convierte todo en contraste: los cuerpos, las sombras, las texturas del cemento. La ciudad aquí no es refugio; es escenario.

Fotografié este lugar durante el verano, cuando el ocio se vuelve un derecho colectivo. Gente que lee, que conversa, que improvisa una siesta, que pedalea, que corre, que se tira al suelo solo para sentir el viento. No hay nada extraordinario y, sin embargo, sucede todo.

Me interesó la forma en que la luz divide: personas convertidas en siluetas, geometrías que aparecen sin haber sido diseñadas, gestos que duran segundos antes de que la sombra los borre. En blanco y negro, el Fórum deja de ser parque y se vuelve territorio.

No fui a buscar postales.
Quise observar cómo un espacio urbano se transforma cuando lo ocupa la gente. Cómo la arquitectura más dura se ablanda cuando alguien la llena de vida.

Este proyecto es un fragmento de esas tardes: el calor, el ruido, las bicicletas que pasan, el mar al fondo y el tiempo libre como acto de resistencia. Fotografiar el Fórum fue una forma de mirar cómo la ciudad respira cuando no trabaja.

El verano siguió, la luz se movió, la vida también.

 
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